Aquí no se habla del Mío Cid, sino de "los Cid míos".

Aquí no se habla del Mío Cid, sino de "los Cid míos".
Los protagonistas de estas historias: Ramonín, Elaine y Camila (mi familia). IMPORTANTE: Ninguno fuma, y nunca lo hago cerca de ellos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Temporada de Cata. Día 11.


DIA DE CATA 11. CONVIVENCIA PACIFICA EN LOS CUARTELES. Trasvase de liquidos en cantimploras no-reglamentarias.

Hoy estamos nuevamente de cata. Esta vez, con el Gravina Full Aromatic, gracias a la inestimable colaboración de Paco Duque.

Preparo el escenario, ubicado en el balcón de casa, pues hay frío, y como la casa está en consecuencia bien cerrada, nada de fumar en interiores.

Elaine salió a ver a su costurera, Ramonín enfrascado en un complicado diseño con el mecano, y Camila peinando los 6 pelos que le quedan a su muñeca favorita. Ambos están separados a una distancia prudencial entre ellos (3 metros con una cama de por medio), una especie de zona desmilitarizada o de tolerancia en la que no hay peligros de que el uno se antoje súbitamente de “su pelota” que en ese preciso (y no otro) momento está masticando pacíficamente la otra, o que esa otra no tenga alcance y reacción a desbaratar y babear el trabajo constructivo del primero….

Día 11. Bitácora del Capitán:
Contenido: Gravina Full Aromatic
Continente: Huckboo
Universo: Ramonín y Camila.

El Gravina Full Aromatic, tiene un corte grueso, que me pareció como un flake desmenuzado, cosa que ya me agrada desde el principio, pues me es fácil cargarlo, y una vez encendido, mantiene la brasa por mucho tiempo sin tener que estar muy pendientes de la fumada; además, las hebras estaban sobre lo seco, que es como en realidad me gusta el tabaco (no me gustan las mezclas húmedas, prefiero que el tabaco combustiones rápido, no sé por qué…en fin).

Camila viene dando tumbos desde su trinchera, solicitando hacer pipi. OK, esto me alegraría sobremanera, si no fuera porque ya se había hecho pipi. Con esto de los frentes fríos, ella, ha empezado a economizar palabras, y cuando ahora normalmente pide que la lleven al baño, en realidad lo que quiere decir es que le cambien la ropa.

No es que Camila no sepa servirse de la bacinilla por ella misma: es que le gusta usar el inodoro, y no alcanza a trepar por si sola. La última vez, por poco hay que rescatarla dentro de la taza.

La bacinilla, según decreto especial de mi hija, es para el oso y el ratón peluche, que sudan poliéster cada vez que Camila los lleva a realizar su forzadas e inexistentes necesidades fisiológicas (a veces tengo que ir yo subrepticiamente y echar algo de agua en la bacinilla para aliviar el martirio de los muñecos, pues según Camila, hasta que no hagan pipi, no se bajan del tibor ni a jodía).

En medio de esto, afortunadamente llega la progenitora, y se encarga de regañar a la beba por eso de “dónde se hace pipi , Camilaaaaa?” y la automática respuesta “en el tibooooooor, mamáaaaa…”. Elaine se vira y me mira como si yo tuviera la culpa. Pero es que Camila sabe decir lo del pipi ¡!! Y casi siempre funciona. Cómo voy a saber que se hizo pipi, o de si tiene ganas en ese momento? En fin. Pongo cara de pecador compungido, y vuelvo a lo mío. Qué más voy a hacer?

La carga del Gravina no me es muy difícil, a pesar de tener la consistencia de un flak desmenuzado. Un poco de trabajo para encender, pero cuando lo logro, queda perfectamente listo para no apagarse.

El olor…bueno, pues perfumado, pero sin llegar a lo “dulzón” de otros aromáticos. Más bien discreto (es que el paquete decía “full aromatic”, y eso me asusta como loco por lo de la lengua y tal, pero hasta mi hocico lo que llegó fue un olorcillo agradable, con leves toques cítricos, me parece, pero no puedo decir a ciencia cierta a qué cítrico… bueno…..).

Ramonín ni se siente. Mi esposa me da la tarea de supervisar cuidadosamente a Camila, que se está tomando junto al refrigerador una cajita de compota de mango-manzana. Esta es una actividad que, si bien puedo realizarla solo mirándola sorber acompasadamente la compota y fumar al mismo tiempo, no debo quitarle un ojo de encima hasta que apure la ultima gota.

Darle a un niño pequeño una caja abierta de compota de mango-manzana y dejarlo a su libre deglución, es abrirle todo un universo de infinitas posibilidades desastrosamente creativas. La última vez que Camila se tomó sola- sin supervisión alguna- una compota, la trasvasó casi íntegramente dentro del claxon de su velocípedo. El claxon en cuestión es una corneta plástica con una pera de goma al extremo, todo este conjunto tiene una capacidad para albergar en su interior hasta 8 onzas de compota de mango-manzana, tal y como se comprobó dos días después, durante la reconstrucción de los hechos en la escena del crimen. Si no es por los 18 millones de hormigas que tomaron por asalto el claxon del velocípedo, hubiéramos creído que ella se la había bebido como Dios y los padres mandan.

Esta vez Camila chupa con fruición el extremo de la cajita y termina dejándola en una esquina del fregadero, así que sigo la fumada, de manera agradable y relajada. La ceniza es blanca y pareja. Cuesta trabajo prensar con el atacador, pues las hebras se van endureciendo, además de que están sobre lo seco, y repito, similar a la experiencia con flakes desmenuzados, más o menos, y esto es de mi agrado (santa palabra). Pero no se apaga, y así voy los primeros 20 minutos.

El olor ambiental es discreto, con cierta fragancia que no es incómodo para mis dos pequeños correligionarios, que a estas alturas ya están pululando en equipo a mi alrededor para gestionar no-sé-qué permiso especial de mi parte para sacar la carriola al jardín del edificio y llenarla de tierra.

La sensación agradable de la fumada aún no es lo suficientemente maravillosa para que acceda a que jodan la carriola, así que los nenes se retiran contritos y le van con el cuento a mi mujer, que fue la que precisamente me los envío en procesión negociadora.

Mientras oigo los ruegos discretos de Ramonín y los chillidos descompuestos de Camila frente a la madre (Camila sí que sabe negociar, y generalmente obtiene lo que busca), continúo la fumada, siempre con un gusto a frutas, pero bastante discreto y balanceado, casi neutro…

Terminé a los 35 minutos, hasta el final con una ceniza fina, blanca y pareja.

No puedo decir que me haya mordido la lengua, pues ya la tenía requetemordida por el EXETER, que por fumarlo muy seguido (no hay otra opción) me la tiene hecha una alpargata, y ahora no quiero verlo ni en pintura hasta que mejore, y retiro lo dicho a que se parece al Clan y esas cosas.

Ahora voy a bajar a buscar la carriola, que me toca fregarla y quitarle el fango y los mocos: Al final, los nenes bajaron con Elaine…….